El hierro fundido bien tratado dura décadas y mejora con el uso. Es más fácil de lo que parece: no le gusta el detergente ni quedarse mojado, y nada más.
Curado inicial
Toda pieza nueva se cura antes del primer uso, y cada tanto conviene repetirlo.
- Lavala con agua caliente y un cepillo para sacarle el recubrimiento de fábrica. Secala bien.
- Pasale una capa muy fina de aceite por dentro y por fuera. Sirve girasol, canola o grasa de vaca. Si queda brillosa, tiene demasiado: retirá el exceso con papel.
- Al horno a 200-220 °C, boca abajo, durante una hora. Dejala enfriar dentro del horno.
- Repetí los pasos 2 y 3 dos o tres veces si querés una base más firme.
El hierro queda oscuro y algo opaco: esa capa es la antiadherente natural.
Después de cada uso
- Limpiala en caliente con agua y cepillo o un paño. Sin detergente, que se come el curado.
- Si quedó algo pegado, hervile un poco de agua adentro y raspá con cuchara de madera. Sal gruesa y medio limón también funcionan.
- Secala al fuego o sobre la hornalla hasta que no quede humedad.
- Con la pieza tibia, pasale unas gotas de aceite con papel y guardala.
Nunca
- Lavavajillas.
- Dejarla en remojo o escurriéndose mojada.
- Guardarla con la tapa cerrada: encierra humedad. Poné un papel entre la tapa y la olla.
Si se oxidó
No se arruinó. Lijá el óxido con esponja de acero o lija fina, lavá, secá y volvé a curarla desde el paso 1. Queda como nueva.
Provoleteras y planchas de parrilla
Mismo criterio, pero se curan directo sobre las brasas: aceite fino, al fuego hasta que humee, dejar enfriar. Repetir dos o tres veces antes del primer provolone.
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